dilluns, 3 de febrer de 2014

NOVIOS
(Poema místico libertario)
Somos novios,
no hermanos.
Si fuéramos hermanos
sólo existiría un mundo
y el mundo se divide, se desintegra
en incontables mundos.
Y cada uno es un mundo.
En cambio: ah, en cambio:
somos novios,
novios llamados a la boda única.
El poeta debe anunciar a todos
que todos somos novios
y que sólo existe una boda
a la que estamos llamados todos,
que yo soy tu novio
y tú eres mi novia,
que estamos solos, que nacemos solos
y moriremos solos
y que vivir es la boda única
y que nos volvemos locos
viendo extrañas raíces,
parentescos extraños,
en lugar de entregarnos a la ternura de los novios,
a la ilusión con que se miran,
a la alegría con que se abrazan.
¡Ah, si saliéramos a la calle y nos viéramos novios,
nos sintiéramos novios
y mis amigas fueran mis novias
y todas las bailarinas de El Molino mis novias
y todos los monjes de Montserrat sus novios!
¡Ah, si los monjes de Montserrat supieran
que son los novios de las bailarinas!
¡Ah, si las bailarinas
supieran que los monjes son sus novios!
(Tampoco el hábito
hace a las bailarinas).
Si nos viéramos novios,
mamíferos enamorados,
huérfanos que vamos a la boda única
cuando se liberan nuestros sentidos
de tantos padres terribles...
¡Ah, si supiéramos que somos novios!
 
Cómo dominarían en nuestro mundo
los cargos, los altos cargos, las esferas,
las más altas esferas,
¡ah, las más altas esferas!
qué sería de todos ellos
(¡y de todos los vigilantes!)
si todos fuéramos novios.
Vacíos
iban a quedar todos los parlamentos.
Los novios no necesitan parlamentos
ni nombres ni contratos. ¡Si se olvidan
hasta de sus nombres los novios,
los maravillosos novios!
Se acabarían todas las sociedades anónimas
(¡nosotros somos los anónimos!)
¡Pobre mundo,
lleno de sociedades anónimas y de comités centrales!
Cómo va a ser una novia
una sociedad anónima.
No imagino lleno de novios abrazándose
los comités centrales.
Un comité central
cómo va a ser un novio,
cómo va a entender a los novios.
(¡Eso! ¡Eso! ¡Cómo va a entender a los novios!).
Y todas las vecinas serían nuestras novias
y todos los vecinos serían nuestros novios
y todas las mujeres serían mis novias
y todos los animales
nuestros novios.
(¡Ya son nuestros novios!).
Porque somos un mundo condenado y errático
que acabará desintegrándose, un mundo raro,
único, distanciado, al que venimos
cumpliendo el nacimiento obligatorio,
cubriéndonos de leyes desde que respiramos.
Quién iba a atreverse, en cambio,
a imponer unas leyes, sus leyes, en la boda única,
en la entrega única.
Desde cuándo los novios piensan en las leyes
y cómo iban a existir policías:
irían besándose por las plazas,
encontrándose en los jardines
en vez de vigilarlos para sorprender a los novios.
Y se disolverían todos los ejércitos:
nos fundiríamos en un abrazo en las trincheras
 
y huirían despavoridos todos los generales
y las novias correrían a todas las cárceles
a liberar a los presos porque serían sus novios.
¿Y los dominantes,
tantísimos dominantes?
¡Pronto no habría dominantes!
(¡Ni vigilantes!)
¡El aire! ¡El aire!
¡Sólo dominaría el aire
en la boda única!
¡El aire!
En vano gritan desde sus púlpitos que nos unamos,
ridículos y fantasmagóricos todos los púlpitos
(¡púl
pitos!)
si no somos los novios del mundo,
si no avanzamos hacia la boda única.
(¡Historia de los monos que se transformaron
en políticos, historia
de los políticos que se transformaron en novios!)
(¡Vivan los novios!)
Mirad cómo los novios
acaban con el espacio y el tiempo
y cómo desaparecerían los poderosos
si no los tuvieran en sus manos.
Y el alma:
si no es una novia
qué es el alma
y qué es mi madre
y mi hermana.
Entregarse, olvidarse,
contener la tragedia entre los besos,
sostener el camino entre los abrazos.
Qué suspiros y qué sonrisas
en las fábricas, en las oficinas,
en las salas de espera, en los autobuses,
cuando todos fuéramos novios.
Y qué apoyo y qué ayuda
pasear solitarios por las noches
en silencio, con nuestros sueños.
Fantasmas, no: ¡sueños!
¿Y los Bancos?
¡Qué cambio! ¡Qué cambio!
 
¡Los Bancos serían nuestros novios!
¡Las Cajas nuestras novias!
¡Qué cambio!
¡Nuestros hijos
ya nacerían novios!
Y que llegara el cartero y anunciara:
¡Soy el novio cartero!
Y la portera:
¡Soy la novia portera!
Y los bomberos:
¡Somos los novios bomberos!
Y qué escuela, qué escuela
si los maestros fueran novios,
si no hubiera maestros ni maestras.
El mundo
sería una maravillosa casa de citas.
Nos citaríamos continuamente,
iríamos con el teléfono de bolsillo llamándonos
continuamente.
¡Qué hermosa es una cita!
¡Ah, los enamorados! ¡Ah, los novios!
No se preguntan, no cuestionan,
no reciben órdenes y contraórdenes,
no tienen dioses ni amos.
El mundo de los dioses
y de los amos
es el que acabaría
cuando todos nos sintiéramos novios.
Cómo puede sentirse un dios
un novio,
cómo puede creerse un amo.
Cuando creíamos que éramos hermanos,
cuando hablaba san Francisco a las florecillas
vinieron también los lobos.
¡Ah, las florecillas! Qué fácilmente
se transforman en lobos. ¡En colmillos
que nos destrozan!
Qué difícil lo pone el viejo mundo
para que seamos nuevos mundos,
para que seamos novios.
Cuando nacemos
¿no han pensado ya por nosotros?
 
¿no nos imponen sueños y aventuras?
¿no nos empadronan y clasifican?
Pero los novios
no saben de mundos dirigidos,
de leyes obligatorias, de padres únicos.
(¡Vivan los novios!)
Y sólo habría una fiesta:
el día de los novios.
Y una calle (ah, tormento de tantas calles
llenas de cárceles encubiertas):
el paseo de los novios.
Y el pensamiento volaría.
El pensamiento
sólo vuela en el alma de los novios,
como vuelan las manos y los ojos
(¡ojos claros, serenos!)
y los labios.
Y qué es un pensamiento si no vuela.
¿No es la más lóbrega de las cárceles?
Qué lucha por la libertad es esta
que no lucha por la boda única.
Y vivir abrazados
y morir abrazados.
Qué otra respuesta a la muerte indigna
que morir abrazados.
Organizaríamos viajes continuamente:
de novios, para hacernos novios
de todos los novios del mundo.
Los novios no saben geografía,
ignoran la estadística,
se saltan las aduanas,
hablan un sólo lenguaje.
¡Qué cambios, qué cambios
en las embajadas!
¡Cómo iban a conspirar los novios!
Y nos reiríamos de las banderas
¿o no se ríen de las banderas los novios?
(¡Y de las fronteras,
de todas las fronteras!)
¿Y la tierra? Contemplad la tierra:
¿no es una boda única?
No puedo llamar hermano a nadie
 
pero sí enamorarme de todo,
sostener la belleza entre mis sueños.
Si existe la belleza
es porque todos somos novios
aunque no lo veamos:
nace en el alma de los novios.
¡Sólo el amor no es ciego!
Hemos construido un mundo de falsos hermanos
y si no vamos a un mundo
en el que todos seamos novios,
decidme: a dónde vamos.
Amigos, viejos amigos míos:
sólo quiero recordar las novias que he tenido,
las cosas que he amado,
el poco amor que he recibido.
No he hecho otra cosa que soñar la boda única,
llorar amargamente por el amor perdido.
Qué puede hacer el poeta sino animaros
a la boda única,
al baile, sobre todas las cosas,
de los sentimientos y de los sentidos,
a soñar el día
en que todos fuéramos novios,
a la conquista de la inocencia...